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Campañas y catálogos10 min de lectura

De la campaña al probador virtual de gafas

Gafas de sol de acetato carey sobre una superficie clara; al lado, un móvil muestra a una mujer con la misma montura puesta.
La misma variante, del anuncio al carrito.

Una campaña de gafas puede ser coherente en sus imágenes y perder la continuidad en el producto. El anuncio muestra una montura en un color concreto; el catálogo abre toda la colección; el Virtual Try-On arranca con una variante predeterminada; el enlace a la tienda online exige volver a elegir color y calibre. Cada componente, por sí solo, puede funcionar correctamente, mientras que el recorrido obliga al visitante a reconstruir varias veces la misma decisión.

El problema aparece cuando la campaña pasa por sistemas con responsabilidades distintas: el contenido publicitario, el catálogo digital, el motor del probador virtual y el canal que gestiona la compra o la relación con el óptico. Para conectarlos hay que establecer qué información debe mantenerse coherente y cuál puede cambiar según el público, el mercado y el momento.

Esta distinción también influye en la lectura de los resultados. Un visitante puede ver el producto adecuado y no conseguir activar la cámara; puede probárselo y llegar a otra variante en la tienda online; puede elegir la tienda física sin dejar ninguna conversión en el e-commerce. Un recuento de usos del probador virtual, aislado del resto, no distingue estas situaciones.

La variante es la unidad de continuidad del recorrido

En el sector óptico, el nombre del modelo rara vez basta para describir lo que propone una campaña. El color del frontal, el acabado de las patillas, el calibre y la variante de lente pueden cambiar tanto la representación visual como el artículo que se puede comprar.

Por eso, el enlace entre contenido y catálogo debe llegar al nivel de detalle que exige la promesa de la campaña. Si la imagen de la campaña muestra una combinación concreta, el recorrido debe permitir encontrarla de nuevo; si presenta una familia de productos, puede abrir una selección más amplia. Son dos decisiones editoriales legítimas, cada una con sus propios requisitos sobre el destino del enlace.

Cuando el visitante cambia de variante mientras se prueba las gafas, se crea una nueva selección. El paso siguiente debe poder conservarla o indicar con claridad que habrá que volver a elegirla. Abrir la ficha de producto correcta sin mantener el color es una continuidad solo parcial, sobre todo cuando las variantes tienen disponibilidad o condiciones diferentes.

En el plano operativo, hace falta una correspondencia verificable entre la referencia usada en la campaña, la variante del catálogo, el activo digital que se muestra y el identificador que utiliza el sistema de venta. Los códigos pueden variar de un sistema a otro: lo que importa es que la relación esté definida y se mantenga cuando cambian el surtido y los datos maestros de producto.

De aquí se deriva una distinción importante. La validación del activo digital confirma que la representación corresponde al producto; la idoneidad para la campaña depende también de que ese producto pueda distribuirse en el mercado y el canal previstos. Un modelo 3D correcto puede representar una variante fuera de surtido, por ejemplo un color que no se distribuye en el país de la campaña. La calidad visual y la coherencia comercial requieren controles separados.

El surtido depende del mercado y del canal

Una misma colección puede requerir selecciones distintas para un lanzamiento dirigido al consumidor, una presentación a compradores y una campaña destinada a un país. Cambian los modelos relevantes, el idioma, la información que hay que mostrar y la acción comercial posterior.

Para un grupo con varias marcas, duplicar toda la información en cada iniciativa crea un problema de mantenimiento. Una corrección de la lente o de las medidas puede acabar aplicándose en unas experiencias y no en otras. En cambio, una base de producto compartida permite construir selecciones diferentes manteniendo una referencia común para las variantes y los activos digitales aprobados.

Esto exige separar las responsabilidades. Los datos de producto describen la montura; la selección de campaña decide qué variantes presentar; la configuración del recorrido establece cómo mostrarlas y hacia dónde dirigir después al visitante. Cambiar el orden de los productos para una campaña no debería obligar a volver a crear sus datos maestros.

El caso de éxito de Safilo ofrece un ejemplo concreto de esta organización. En el Gateway de Tommy Hilfiger Eyewear hay puntos de entrada específicos para el mercado de EE. UU., el Roadtour, selecciones vinculadas a la publicidad y una campaña para Europa central y oriental. Cada punto de entrada limita la navegación a los catálogos y las páginas que tiene asignados.1 Lo relevante es poder diferenciar a qué contenidos se puede acceder, además de cambiar imágenes y textos.

Sin embargo, un filtro de navegación y una restricción de acceso no cumplen la misma función. El primero ayuda a seleccionar los productos; la segunda determina qué contenidos son accesibles. Para avances confidenciales o materiales destinados a socios comerciales, la autorización también debe diseñarse de forma explícita: un enlace poco visible no equivale a un acceso protegido.

El punto de entrada suele durar más que la campaña

Un anuncio digital puede sustituirse rápidamente. Un código QR en un estuche, un expositor o una página impresa puede seguir usándose después de que termine la iniciativa para la que se creó. Por tanto, la URL ya distribuida y los contenidos de destino tienen ciclos de vida distintos.

En una óptica, una mujer enfoca con el móvil el código QR de un expositor de mostrador, junto a dos pares de gafas.

El código QR impreso sigue en uso después de la campaña: el destino debe poder cambiar sin cambiar el código.

La guía GS1 Digital Link también formaliza la distinción entre identificador persistente y ubicación de la información: la referencia al producto tiene su propio ciclo de gestión, mientras que la información online puede actualizarse o trasladarse mediante una redirección.2 Para las campañas, el principio útil es mantener bajo control el destino de los puntos de entrada ya distribuidos.

Aun así, la persistencia requiere una política editorial. Cuando vence la iniciativa, el enlace puede abrir el archivo de la colección, una selección posterior o una página que explique que ha terminado. La elección depende de lo que siga visible en el soporte original. Un código QR junto a la fotografía de un modelo concreto no debería abrir otra colección sin que se entienda el cambio.

Para interpretar los resultados a lo largo del tiempo, además, hay que saber cuándo cambió el destino y qué surtido estaba publicado. Que la URL sea estable no garantiza que los datos sean comparables: detrás del mismo punto de entrada puede haber habido experiencias diferentes.

La distinción entre un catálogo de campaña y un sistema que coordina varios recorridos nace también de esta necesidad. El número de páginas importa menos que el trabajo necesario para mantener coherentes los puntos de entrada, las selecciones y las actualizaciones cuando se solapan varias iniciativas.

El probador virtual debe situarse en la decisión de producto

Abrir directamente el Virtual Try-On puede ser adecuado cuando la campaña ya ha identificado la montura y la llamada a la acción es explícita. Para un visitante que aún tiene que orientarse entre formas y modelos, una selección explorable puede ofrecer primero el contexto necesario.

La elección depende de la incertidumbre que se quiere ayudar a resolver. El visitante puede buscar un detalle de construcción, comparar dos colores o valorar la relación entre el frontal y el rostro. Estas tareas requieren información e interacciones distintas, y debe ser posible pasar de una a otra sin perder el producto elegido.

La investigación de Hilken et al. sobre el potencial de la realidad aumentada (RA) en las experiencias de servicio ofrece una explicación útil: poder controlar la representación y situarla en el propio entorno contribuye a la presencia espacial percibida y al valor de la experiencia. En el estudio dedicado a las gafas, esta presencia se asocia a una mayor seguridad en la decisión, un efecto que las preocupaciones sobre las prácticas de privacidad atenúan.3 El resultado se refiere al proceso de evaluación; no establece un aumento universal de las ventas.

Un estudio de campo aporta evidencia de otro tipo. Tan, Chandukala y Reddy analizaron los datos de un minorista internacional de cosmética: el uso de la RA en la app se asocia a un aumento de las ventas, más marcado en los productos menos populares y más caros, y en los clientes nuevos en el canal o en la categoría. Los autores lo explican por la reducción de la incertidumbre sobre el producto.4 En el sector óptico, esta lectura es coherente con el punto anterior: el probador virtual rinde donde hay una pregunta abierta por resolver, no donde la elección ya está hecha.

Para el diseño de la campaña, la consecuencia es elegir la interacción en función de la pregunta del visitante. Una vista 3D puede bastar para examinar una bisagra; el probador virtual, con las gafas sobre el rostro, añade información sobre las proporciones percibidas. Ambas opciones deben seguir vinculadas a las medidas y a la variante comercial, para que la exploración se refiera al producto propuesto.

La carga debe medirse hasta que el probador virtual sea utilizable

Una página visible y un probador virtual listo son dos estados distintos. Cuando el visitante llega a la página, aún pueden ser necesarios la carga de los activos digitales, la inicialización del seguimiento del rostro, el permiso de la cámara y la detección de un rostro utilizable. Medir solo la carga de la página deja fuera una parte decisiva del recorrido.

Las métricas generales de capacidad de respuesta también tienen un alcance preciso. INP, por ejemplo, mide el tiempo hasta la siguiente respuesta visual a la interacción, no la finalización de todas las operaciones asíncronas que esta desencadena.5 Un botón puede responder al instante mientras el modelo o el motor del probador virtual siguen cargándose.

Por tanto, para evaluar el servicio hacen falta tiempos y resultados específicos: de la llamada a la acción a la solicitud de inicio, del inicio a la cámara disponible y de la cámara a la primera representación realmente utilizable. Es importante distinguir un abandono, una cámara no autorizada, un dispositivo no compatible y un error de carga. Cada una de estas situaciones requiere una intervención diferente.

El contexto en que se abre el probador virtual debe comprobarse en el canal real. Si se abre desde un enlace en redes sociales, puede acabar en el navegador integrado de una app; si está alojado en una página, puede depender de los permisos concedidos al contenido incrustado. MDN documenta que el acceso a la cámara requiere un contexto seguro y el permiso del usuario, y que en los iframes depende también de la delegación prevista por la Permissions Policy.6 En los navegadores integrados, la disponibilidad de la cámara depende además del sistema operativo y de la app que los aloja: en iOS, Apple la pone a disposición de las web views desde la versión 14.3, y solo cuando la app que las contiene tiene a su vez permiso para capturar vídeo.7 Comprobarlo en un navegador abierto directamente no cubre de forma automática todos los puntos de entrada de la campaña.

La carga plantea, además, una disyuntiva. Cargar por adelantado los activos digitales puede reducir la espera después del clic, pero transfiere datos que parte del público no usará. Cargarlo todo bajo demanda aligera la página de destino y concentra la espera en el inicio del probador virtual. La decisión debe valorarse en función del tiempo hasta una experiencia útil, de los dispositivos del público y del número de productos que se espera que se exploren. Quien no active la cámara debe poder seguir consultando el catálogo.

El denominador determina el significado del resultado

En el informe de una campaña, «tasa de uso del probador virtual» puede referirse a proporciones muy diferentes: sesiones que solicitan el inicio sobre el total de sesiones que llegan, sesiones con un probador virtual utilizable sobre las que lo solicitan, o sesiones con una interacción registrada sobre las que ya han entrado en el motor del Virtual Try-On (VTO). Estas medidas responden a preguntas distintas.

Veamos un ejemplo hipotético, con la misma ventana de observación y los mismos criterios de recuento. Cada fila representa sesiones, no eventos repetidos, y los grupos de cada fila están contenidos en los de las filas anteriores.

Fase observadaCampaña ACampaña B
Sesiones en la página de destino1000800
Sesiones que solicitan el inicio del probador virtual600200
Sesiones en las que el probador virtual llega a ser utilizable300140
Probador virtual utilizable sobre las sesiones que lo solicitan50 %70 %
Probador virtual utilizable sobre el total de sesiones que llegan30 %17,5 %

La campaña B obtiene un mejor resultado después de la solicitud de inicio, pero una parte menor del público que llega alcanza el probador virtual. La primera proporción debe desglosarse en abandonos, permisos, detección del rostro y errores técnicos; la segunda incluye también la visibilidad de la llamada a la acción, la intención del público y el recorrido previo. Ninguna de las dos basta, por sí sola, para afirmar qué campaña ha generado más valor comercial.

La cobertura de las herramientas de análisis determina qué proporciones se pueden calcular. Si la recogida de datos empieza solo dentro de la experiencia inmersiva, quedan fuera las visitas que nunca la abrieron. En ARShades, por ejemplo, las métricas de los Catálogos de campaña describen las experiencias VTO y 3D iniciadas desde el catálogo; ese sistema no mide la página del catálogo.8 Por eso, el denominador «sesiones en la página de destino» requiere una medición adicional. El Gateway, en cambio, recoge datos que abarcan las páginas y las acciones de sus recorridos.9

Las comparaciones entre monturas también exigen atención a la exposición: una variante que se muestra en primer lugar puede probarse más veces porque más visitantes se la encuentran. Para inferir una preferencia, habría que conocer también las oportunidades de verla y las condiciones en que se presentó. Donde faltan estos datos, el número de veces que se prueba una variante describe el uso observado.

Para interpretar las diferencias entre campañas, conviene examinar también la composición por punto de entrada y dispositivo, cuando estos datos están disponibles y son suficientes. Una campaña a la que se llega desde una newsletter y otra que se abre desde un código QR en una feria pueden atraer a públicos con intenciones diferentes. La diferencia en las tasas no aísla automáticamente la calidad del catálogo.

El paso al canal comercial cierra el proyecto

El clic hacia una tienda online deja constancia de una salida del catálogo. Para saber si ese cliente ha comprado hacen falta datos y conexiones en el sistema que registra el pedido. Del mismo modo, abrir un store locator no demuestra una visita a la tienda ni confirma que la variante elegida esté disponible en ese punto de venta. El Gateway, por ejemplo, registra entre las acciones medidas el clic hacia la tienda online y hacia el store locator;9 lo que ocurre después solo es visible en los sistemas del canal.

Silhouette describe la conexión entre su probador virtual, la iniciativa Buy Local y el asesoramiento de ópticos locales.10 Esto hace explícito un itinerario comercial relevante para una marca con distribución en ópticas: la evaluación puede empezar online y continuar a través de la red profesional. Para hacerlo realidad, el proyecto debe establecer qué información acompaña el paso y qué comprobaciones corresponden al punto de venta.

En el canal e-commerce, la comprobación afecta ante todo al destino de la variante seleccionada y a su estado comercial. En el canal óptico, puede afectar a la referencia de la montura, a los datos de contacto de la tienda y a una posible solicitud. La integración debe dimensionarse según el resultado que se quiere ofrecer: mostrar la red de venta, remitir una solicitud y comprobar las existencias son capacidades distintas.

Desde esta perspectiva, la calidad de una campaña con probador virtual se valora por la coherencia de toda la cadena. El producto propuesto debe seguir siendo reconocible en los sistemas que lo presentan; el recorrido debe respetar el mercado y el canal; el probador virtual debe poder usarse en los contextos de acceso previstos; el informe debe aclarar qué pasos observa. Es esta organización la que permite reutilizar activos digitales e infraestructura en las campañas siguientes, sin perder la posibilidad de entender qué se ha mostrado, qué se ha probado y qué se ha trasladado al canal comercial.

Fuentes

  1. Safilo y ARShades, Un ecosistema para cada experiencia en el sector óptico, sección Tommy Hilfiger Eyewear Gateway. ↩

  2. GS1, Quick start guide for GS1 Digital Link, 2024, sección 5 sobre la separación entre el identificador persistente y el destino de la información. ↩

  3. Hilken, T., de Ruyter, K., Chylinski, M., Mahr, D. y Keeling, D. I. (2017), Augmenting the eye of the beholder, Journal of the Academy of Marketing Science, 45, 884–905; en particular, los estudios 1 y 4, realizados con el espejo virtual para gafas de sol de un minorista online europeo; los resultados se miden como intenciones, no como compras. ↩

  4. Tan, Y.-C., Chandukala, S. R. y Reddy, S. K. (2022), Augmented Reality in Retail and Its Impact on Sales, Journal of Marketing, 86(1), 48–66. ↩

  5. web.dev, Interaction to Next Paint, definición y alcance de la métrica. ↩

  6. MDN Web Docs, MediaDevices getUserMedia, secciones Privacy and security y Permissions Policy. ↩

  7. WebKit, MediaRecorder API, diciembre de 2020, sección sobre getUserMedia en las web views de iOS 14.3. ↩

  8. Knowledge Base ARShades, Campaign Catalogues, Analytics. ↩

  9. Knowledge Base ARShades, Gateway, Measuring results. ↩ ↩2

  10. Silhouette International, Silhouette goes digital, página corporativa sin fecha. ↩

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